
Olivo
Planta baja, salida directa al jardín y a la piscina. Cama de 180.
Finca boutique entre olivos, a veinticinco minutos de la costa. Desayuno de la huerta, piscina infinita y el silencio que ya no recordabas.
Una casa de labranza de 1890, restaurada sin borrar lo que era.
Muros de piedra de setenta centímetros, suelos de barro cocido y vigas que siguen siendo las de siempre. Lo nuevo está donde importa: camas, baños, cocina y una piscina que se funde con el valle.
Seis habitaciones, nunca más de doce personas. Se oye el agua, los pájaros y poco más.
Todas con baño propio, ropa de cama de lino y vistas al valle o al patio. Ninguna con televisión.

Planta baja, salida directa al jardín y a la piscina. Cama de 180.

Primera planta, terraza privada orientada al atardecer. Bañera exenta.

Casita independiente con cocina, chimenea y patio propio.
Lo único con hora es el desayuno, y solo porque el pan sale del horno a las nueve.
Pan de masa madre, aceite de la finca, tomate de temporada, huevos de las gallinas de al lado. Hasta las once y media.
Veinte metros de agua salada mirando al valle. Tumbonas de teca, sombra de higuera, nadie pidiendo silencio porque ya lo hay.
Los jueves, cena larga en la mesa del patio con lo que haya en la huerta. Se reserva al llegar.
Tres rutas desde la puerta y cinco pueblos a menos de media hora. Te preparamos el mapa y el picnic.

El lujo aquí es que no pase nada, y que pase despacio.Finca Mirlo
Primavera de flores, verano de piscina, otoño de aceituna. Cerramos en enero para descansar nosotros también.